La necesidad llegó a casa
Hace algunos años, mis papás, ya entrados en sus ochenta, tuvieron que dejar Bogotá porque la altura y el frío le estaban haciendo daño a mi papá. Se fueron a Sáchica, Boyacá. Apenas llegaron, me di cuenta de algo que me dolió: no tenían agua potable confiable.
Los empecé a ver saliendo a comprar botellones, llamando taxis porque entre los dos no podían cargarlos, dependiendo del camión, del clima o de quien pudiera pasar. Tomar agua se había vuelto un problema diario.
Y no eran solo ellos
Al principio pensé que era un problema de Sáchica. Pero no. Boyacá es uno de los departamentos más golpeados por la falta de acceso confiable a agua potable en Colombia. En zonas rurales, muchas familias todavía viven con agua que no siempre es segura para tomar, y en temporadas de sequía municipios como Duitama, Paipa y Chiquinquirá han enfrentado racionamientos.
Mis amigos en Duitama me contaban la misma historia desde otro lado: filas, agua turbia, botellones caros, depender del camión, esperar a que alguien llegara.
Boyacá tiene páramos, ríos y una biodiversidad envidiable. Y aun así, miles de familias no tienen agua segura y fácil de conseguir. Eso no tiene sentido. Y si no tiene sentido, hay que cambiarlo.
Por eso PuroChorro habla así
Mientras estudiaba el tema, me llamó la atención algo: casi todas las marcas de agua se ven y suenan igual. Gente haciendo yoga en cámara lenta, paisajes en blanco y azul, voces susurrando paz.
Y pensé: eso no se parece a nosotros.
Para mí, el agua es energía, vida y movimiento. Es familia, es barrio, es lo que mueve el día. Los colombianos somos alegres, directos, recursivos e irreverentes. ¿Por qué la marca que nos da agua tiene que sonar como un comercial de banco?
PuroChorro nació para ser el agua que se parece a nosotros: una marca cercana, útil y con personalidad, pero haciendo algo serio. Queremos que conseguir agua purificada sea más fácil, más justo y menos complicado para las comunidades que la necesitan.
Empezamos en Duitama. Esto apenas arranca.
Duitama es solo el primer paso. La visión es más grande: primero Boyacá, después Colombia.
Porque mis viejos en Sáchica, mis amigos en Duitama y las familias que hacen fila por un botellón merecen lo mismo: agua confiable, cerca, sin tanta vuelta.
Un buen chorro. Un PuroChorro.